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El disco “Teatro del absurdo” es un reflejo de la feliz etapa que vive el cantautor boricua. Por María Ivette Vega Calles
Los Ángeles - Su piel tatuada, su enigmática personalidad, sus ocasionales divagaciones al hablar y su música, colmada de oscuridad y rabia aunque hable del amor, han creado con los años una imagen que algunos no entienden y muchos veneran.
Después de todo, Draco Rosa es una de las pocas personas que se han reinventado a sí mismos.
Se trata posiblemente del más sorprendente de los artistas puertorriqueños de calibre internacional, uno de los principales embajadores boricuas del rock. Por eso al visitarlo nos toma fuera de base acercarnos a su hogar en Hollywood Hills y escuchar la voz de Ramito cantando una décima a todo volumen.
Draco comparte una bella casa al estilo colonial con su esposa Ángela y sus hijos Revel Angel y Rédamo en el barrio de las más grandes estrellas de Hollywood. Pero allí, lejos de respirarse el glamour de la meca del entretenimiento, la atmósfera es la de cualquier residencia del centro montañoso de Borinquen.
La cálida disposición de agradar a la visita, típica del puertorriqueño, se reafirma cuando el artista ofrece prepararnos café de Maricao.
Aunque es conocido que Draco no es muy amigo de la promoción y de los protocolos tradicionales de la industria musical, la razón del encuentro con El Nuevo Día Domingo es su nuevo disco, “Teatro del absurdo”.
Aunque muchas veces no encuentra las palabras justas para explicar los procesos creativos por los que atraviesa cada vez que hace un disco, el artista tiene claro que, para él, hacer música es algo totalmente instintivo y puro.
Sin metas definidas y en una eterna búsqueda de sonidos y poesía, cada propuesta de Draco responde a las etapas de su vida. Y ésta parece ser una fase de serenidad, derivada de la plenitud que le da su relación de 20 años con Ángela, sus hijos y de la libertad creativa que le brinda no estar atado a ningún sello discográfico multinacional.
Antes de sentarse a hablar de su nueva criatura musical, Draco se despide con un cálido beso de su esposa e hijos, quienes marchan a una cita con el dentista.
Es una tarde soleada en Los Ángeles. La sala del hogar refleja las aficiones del artista; destacan el arte plástico y, naturalmente, la música reflejada en un piano apostado en una esquina. La cabeza de un dinosaurio adorna la mesa principal de la habitación, que también muestra evidencia del amor que siente por la literatura.
Sin embargo, aunque el título de su nuevo material discográfico parecería estar inspirado en un movimiento literario, más bien apunta al caos mundial que impera hoy día.
“Lo absurdo está dentro de la medicina, de la política. Todo está muy absurdo. Creo que en el momento en que me encuentro en mi vida, el título se amarra a varias cosas clave, en especial a la política. El ser humano también tiene su razón y sus verdades y se pueden discutir, pero eso está tan confuso... Todo el mundo tiene su razón y todos estamos equivocados”, destacó el artista, quien por estos días luce el cabello largo.
Realizar su disco anterior, “Mad Love”, a Draco le tomó tres años. En cambio, su nueva “criatura” la concibió curiosamente en nueve meses. Y como un padre orgulloso nos la dio a conocer.
El resultado es un disco que en vez de optar por las hoy tradicionales fusiones de géneros musicales presenta una innovadora riqueza sonora. Al inicio nos engañó; primero oímos ‘Luchar por ella’, en la que nos parece percibir una continuación lógica de “Mad Love” con una estructura similar y tono parecido a ‘Bandera’ y ‘Más y más’.
Pero hasta ahí. El resto del disco es un drástico cambio de ruta en cuanto a estilo. Irónicamente, ‘Luchar por ella’ fue la última canción que grabó.
Al hacer retrospectiva, a Draco le queda claro que “Mad Love” fue un disco puramente romántico, prácticamente una declaración de amor a Ángela; por eso se le hacía tan difícil interpretar sus temas íntimos en concierto.
“Cuando grabé ‘Mad Love’ nunca me imaginé tocándolo en vivo. Siempre fue algo muy de estudio, muy personal, el amor hacia Ángela. Inclusive, he llegado a hasta pensar que fue una equivocación mía tratar de tocarlo en vivo, porque es tan personal, tan erótico. Por ese lado me costó tocar ‘Mad Love’, hasta el punto que fui reinventado la experiencia en vivo de ciertas canciones, porque no se podían hacer tan íntimas”, destacó el artista, quien regresará al Coliseo José Miguel Agrelot en septiembre.
Lanzar “Teatro del absurdo” bajo su compañía Phantom Vox también abonó a la gran libertad que sintió al realizarlo. Y es que en esta etapa Draco encuentra el placer de la vida en las cosas más simples. Eso fue lo que dejó plasmado en varias de sus composiciones, aunque sin descuidar otros temas como el amor y las situaciones sociales que le preocupan.
“Hay una búsqueda individual en este disco, un repaso a la locura. Comienza con ‘Todo vino’ y cierra con ‘Luchar por ella’, que es un cierre fuerte y positivo. ‘Te fumaré’ es una pieza muy sensual y estamos muy contentos con ella”, afirma sobre el saldo de un álbum con el que también rompió su marca personal al ejecutar en él más instrumentos que nunca.
La producción incluye dos “covers”: ‘Hallelujah’ de Leonard Cohen y ‘One Too Many Mornings’ de Bob Dylan, este último cuya versión Draco realizó “a ciegas”. Según cuenta, se basó en la letra que encontró en un libro sobre el legendario artista que le habían obsequiado y no fue hasta luego de hacer su interpretación que oyó la versión original.
Esa es la libertad que refleja Draco.
“Yo me siento bien. Han pasado los años y me siento satisfecho. Tengo una vida muy ecléctica, he hecho muchas cosas bonitas y me entusiasma ver qué es lo próximo”, asegura.
Ya han pasado dos horas. A pesar de que no se siente cómodo al hablar frente a una grabadora, expresarse sobre la música lo hace olvidar todo; la música le apasiona y se nota. Su familia está de vuelta y hay muchas cosas por hacer.
También quedan muchas cosas por hablar, pero Draco asegura que ya habrá tiempo: en las próximas semanas vendrá a Puerto Rico para presentar el nuevo material de su universo sonoro.
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